sábado, enero 17, 2009

Dios nos salve María...






Y sin embargo, sigues siendo quien sostuvo al Rey.

Quizás no sean mil, o tres mil, o cinco mil, o un millón las bofetadas, las encerronas, las piedras, las difamaciones, en fin, los ataques que has enfrentado desde los siglos en que apareciste. Quizás una ofensa más, tampoco logre manchar tu blancura celestial, tu calma de cielo con estrellitas y generosa luna, tu reinado natural, tu verdadera conquista de América; más aún, cuando la ofensa venga de un mal parto de escenografías decadentes, de payasas rabiosas, de 'artistas' ciegos, de la anorexia espiritual.

Pero, y a pesar de ello, necesité decir algo, porque, al fin y al cabo, la religión es eso, es la palabra, y la palabra si no se declara no se encarna en nada.

Y ruega por nosotros...

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